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Fecha: 07/07/2016 13:19:53 | Autor: fcye

Asamblea de Barcelona: un poco de intrahistoria, Por Julián Ariza Rico, cofundador de CCOO

Hay sin duda un antes y un después de lo que en la historia de nuestra organización representó la Asamblea General de CC.OO., a la que coloquialmente llamamos Asamblea de Barcelona, celebrada en esa ciudad en julio de 1976. En este su 40 Aniversario resulta obligado referirse a ella como el momento en que se abre el tránsito de las Comisiones Obreras, surgidas como movimiento sociopolítico a finales de los años 50 del pasado siglo, para pasar a organizarse como sindicato. Pero esta conmemoración debe servir también para destacar una faceta de nuestra identidad que el curso de los años y la evolución del movimiento sindical en España ha ido colocando en un segundo plano. Me refiero al peso que en nuestro pensamiento tenía la idea de la unidad sindical, que queríamos alcanzar mediante un Congreso Sindical Constituyente a realizar tras la conquista de las libertades democráticas. Se había formulado diez años antes en el primero y uno de los documentos programáticos más importantes de los elaborados desde Comisiones Obreras, titulado “Ante el futuro del Sindicalismo”, donde textualmente abogábamos por una Central Sindical Única.

Hasta tal punto estaba arraigado entre nosotros el deseo de unidad que incluso cuando resultaba patente su inviabilidad como, entre otros datos, representaba que la UGT la rechazara y que el gobierno de entonces les autorizara a realizar en abril de 1976 su XXX Congreso en el interior, a la par de advertirnos a nosotros que no nos molestáramos en solicitar una autorización equivalente porque sería denegada....incluso así seguía siendo muy fuerte la resistencia a convertirnos en sindicato y relegar el propósito unitario del que estábamos impregnados.

En ese marco celebramos una reunión con varios miembros del Secretariado del PCE – por aquel entonces algunos de nosotros formábamos parte de los órganos de dirección del Partido- donde quedó de manifiesto su preocupación por lo que consideraban un retraso de CC.OO. tanto en organizarse como sindicato como en iniciar una intensa campaña de afiliación. Uno de sus argumentos fue precisamente que UGT estaba afiliando abiertamente o que les hablamos de la puesta en marcha de un bono de 25 pesetas que entendíamos podía ser como una especie de precarnet, a la par de insistir en el fuerte arraigo que el deseo de unidad tenía entre los trabajadores. No obstante, decidimos por nuestra parte que en los textos a presentar en la Asamblea abriéramos la posibilidad de nuestra transformación.

Poco después el Secretariado de CC.OO. celebró una reunión en la sede que en el Paseo del Prado de Madrid tenía la revista Gaceta de Derecho Social, ligada a los despachos laboralistas identificados con CCOO. Recuerdo que asistimos veinticinco de sus miembros y que en un momento de dicha reunión Cipriano García –miembro de las Comisiones de Cataluña-, Nicolás Sartorius y yo mismo nos salimos de la misma para redactar el comunicado del encuentro. Cuando volvimos a la reunión nos encontramos con que los veintidós restantes estaban empatados a once precisamente en el debate del orden del día en que se trataba el tema de la posible aunque no inmediata conversión en sindicato y su proceso. Lo desempatamos a favor de ir en esa dirección.

Pese a que el resultado del debate había inclinado la balanza a favor de prever dicha conversión, los textos trasladados a la Asamblea, corregidos a última hora para adecuarlos a lo aprobado por el Secretariado, siguieron reflejando el temor a una incomprensión de los delegados, lo que explica que no se explicitara de forma clara ni la decisión de transformarnos en sindicato ni la de pasar a afiliar inmediatamente. El que en su día declaráramos nuestro propósito de no ser ni un sindicato ni un partido y que el gran objetivo no era otro que el de crear una Central de nuevo tipo, unitaria y pluralista, se había convertido en un freno de primer orden para cualquier otra alternativa. En el fondo reflejaba que por aquel entonces –mediados del 76- continuábamos creyendo que no sólo era deseable sino posible la unidad sindical.

En resumen, lo que se hizo en la Asamblea fue trasladar a una decisión posterior este hecho trascendental para nuestro futuro. Eso ocurrió en la reunión de la Coordinadora General que celebramos en octubre de aquel año, donde se aprobó la propuesta del Secretariado realizada pocas semanas antes y en la que se hacía un llamamiento a los trabajadores para afiliarse y organizar el sindicato. Así nació la Confederación Sindical de CC.OO. El despacho que utilizamos fue el que había en la calle de Atocha, número 55, esto es, el mismo donde tres meses después fueron asesinados nuestros compañeros laboralistas.

En más de una ocasión me he preguntado si aquel retraso afectó negativamente a nuestro desarrollo. Y aunque no es posible dar una respuesta categórica pienso que esos efectos, de existir, habrían sido de índole menor. Porque, por una parte, nuestra actividad siguió su curso y el intervalo de tiempo fue corto; por otra parte el proceso unitario no se interrumpió, pues en paralelo se trabajaba para la creación de la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), donde estábamos nosotros junto con la UGT y la USO, plataforma que a pesar de su efímera existencia tuvo en su haber la convocatoria de una huelga general en noviembre de 1976.

Por el lado de la afiliación lo sintomático fue que sólo adquirió dimensión de masas un año más tarde. Daba la impresión de que los trabajadores no terminaban de confiar en que la democracia se asentaría –no fuimos legales hasta la primavera del año siguiente- y sólo cuando comprobaron que daba muestras de consolidación se decidieron a adquirir el carnet correspondiente. Pero incluso esperaron a comprobar que ocurriría tras las elecciones políticas de junio de 1977. Fue especialmente desde septiembre de aquel año cuando hubo amplias colas de trabajadores a la entrada de nuestras sedes.

Que la Asamblea de Barcelona no fuera la que decidió crear la Confederación no empequeñece un ápice que fue el punto de inflexión del movimiento de las Comisiones Obreras a su organización como sindicato. De ahí su importancia histórica.

Madrid, junio de 2016

Artículo publicado en la revista de Estudio y Cultura de junio de 2016 de la Fundación 1º de Mayo

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