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Fecha: 09/03/2016 9:09:15 | Autor: fcye

Cosas del Cura (Paco) por Juan Moreno

García Salve exigía para los sindicalistas valores, imagen e incluso estética obrera y censuraba la incipiente aunque mínima burocracia sindical.

A García Salve, fallecido estos días, le llamaron primero cura Paco y después Paco el cura. A mi amigo Francisco de Miguel (que fue otro gran paco) le llamábamos Paco el oso, pero mi hijo de pocos años, le llamaba el oso Paco. Yo le corregía pero él decía que significaba lo mismo de una forma que de otra.

En el caso de García Salve el orden de los factores tampoco alteraba el producto, pues al menos durante unos años fue sacerdote y a la vez militante obrero, hasta que se secularizó, entre otras cosas porque quería romper del todo su desclasamiento, algo de lo que acusaba a su formación en los jesuitas en colegios y noviciados vascos.

Su padre, guardia civil, murió víctima de los rojos, durante la revolución frustrada de octubre del 34, pero él vivió en la posguerra una niñez tan pobre que cuando le pedía a su madre unos higos secos, la abuela le reprendía: eso es gula.

Veo un cierto “paralelismo inverso” entre García Salve y otro fundador de Comisiones, Ceferino Maestú. Al padre de Maestú, que había sido gobernador republicano de Huelva, lo fusilaron los “nacionales” (en realidad tropas marroquíes del protectorado) y a él mismo le retiraron del grupo de víctimas en el último momento por sus cortos 15 años. Sin embargo, en el tramo final de la guerra, Ceferino, que hoy es casi centenario, se enroló con el ejército franquista y militó en la Falange hasta que su desengaño le llevó a la disidencia, pero conservando su fe en José Antonio, y pasó brevemente por las primeras Comisiones.

A García Salve le repugnaba el lujo de la Iglesia, y Paco Umbral, (hoy va de pacos) en un artículo en El País ponía en su boca este latigazo: En el convento, por cuaresma, se comían buenísimos mariscos. Por eso me salí de jesuita.

Paco añadía al pecado de avaricia el de hipocresía, igualmente grave aunque no figure entre los siete capitales. Cuando el padre Arrupe, General de la Compañía, visitó España quiso ver al padre Llanos en el Pozo el Pozo del Tío Raimundo, pero este se resistió pues sabía que su jesuítico superior solo buscaba darse un barniz de humildad en el barrio de chabolas ante los medios de prensa. Mientras tanto, el acto principal de su visita lo celebraría en secreto, pero con gran boato, con la muy franquista familia de los Oriol en la finca que estos tenían en El Plantío.

Paco, a quien informó un testigo de esta comedia, la contaba así en su libro Yo creo en la clase obrera: Se arregló la capilla. A todos los colonos cortijeros se les enseñó, en vascuence ¡pásmate! el himno de S. Ignacio, aquello que cantábamos como en trabalengua, el “Iñasio guren patriarka” ¡pobres andaluces y extremeños desarraigados! El General entraría por una puerta y el Patriarca Oriol por otra, y se abrazarían los dos, con lágrimas, supongo, en el presbiterio…mientras todos cantaban lo de las trompas bélicas, en vasco, claro, que suena mejor.

Por supuesto al padre Arrupe ni se le ocurrió visitar a García Salve en la cárcel concordataria de Zamora, ni a los otros dos jesuitas presos como él, junto a otros muchos sacerdotes en su mayoría vascos. ¡Que cosas, una dictadura surgida de una Cruzada contra el ateísmo, necesitada, caso único en el mundo, de una cárcel para curas!

De Paco el Cura militante y dirigente de CCOO se han contado muchas cosas, especialmente por ser uno de los diez condenados en el Proceso 1001 contra la dirección clandestina de Comisiones. Yo recuerdo personalmente su vitalidad y vehemencia en asambleas de Comisiones de la Construcción, rama en la que trabajó como albañil en Madrid y donde había tantos militantes valiosos: García Vidales, Macario, Arcadio, Tranquilino, Javier García, Pepe Torres, Abelardo, y tantos) y en algunas reuniones de la Inter-Ramas de Madrid y más tarde en la Confederación.

Escribí un artículo en “Unidad Obrera” en julio de 1980 contra la nueva condena que, ya en democracia, le cayó por criticar el indulto real que abrió muy parcialmente las puertas de las cárceles al ser coronado Juan Carlos a finales de 1975. Declaró Paco, con cierta agudeza, que pediría un indulto real.

Era muy mítinero y confiaba mucho en su capacidad oratoria: Yo siempre desafío a que me dejen hablar en el Bernabéu y me comprometo a llenarlo. Para él no había misiones imposibles y estaba convencido de ser elegido diputado del PCE cuando encabezó la lista en junio de 1977 por Huesca. Claro que esto era demasiado pedir al cielo y a la tierra.

Era más hombre de acción que de despacho y por eso no le cuadraban las tareas, primero de finanzas, (no había un duro) y de formación (había poquita) que se le asignaron. Exigía para los sindicalistas valores, imagen e incluso estética obrera y censuraba la incipiente aunque mínima burocracia sindical: Hay sindicalistas que son eruditos del sindicalismo, linces de archivo y fichero. Y hasta algunos -son pocos- usan corbata a veces.

Paco empezó en la cárcel su carrera de derecho y después fue abogado en las asesorías de CCOO hasta su jubilación, y como era un hombre serio, no tuvo empacho en ponerse la corbata en ocasiones en que lo requería su profesión. Él mismo ya había demostrado muchos años antes que el hábito no hace al monje, aunque en el esperpento que algunos montan en las actuales Cortes parezca lo contrario.

El historiador Juan Antonio Delgado de la Rosa, publicó Francisco García Salve, preso político, cura obrero y sindicalista de CCOO., libro que fue presentado por el secretario general de CCOO Ignacio Fernández Toxo.

Juan Moreno ¦ Miembro del Consejo Asesor de la Fundación 1º de Mayo

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